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Las Dos Riberas

La Ribera Alta y la Ribera Baixa, juntas acompañan el río Júcar en su camino hacia el mar, el mediterráneo, que recibe sus aguas con entusiasmo.
Al norte de la Ribera Alta tenemos zonas de sierra y paisajes de secano dónde almendros, olivos, vid, árboles y matorrales del bosque mediterráneo dibujan su paisaje. A 500 m sobre el nivel del mar, se encuentra la sierra de Tous, entre las montañas baja el rio Júcar y su compañero de viaje el rio Escalona, separado por la loma del Charcum, se unen cuando alcanzan la presa de Tous, embalse que regula el agua en tiempo de fuertes lluvias, evitando así las riadas.
El “devastador”, así nombraron al río Júcar, los árabes cuando ocupaban aquellas tierras, por su fuerza de destrucción en tiempo de crecida.
Rio abajo encontramos Sumacárcer. Ahí nace la acequia Escalona que riega la parte más alta del valle. A continuación hallamos el azud de Antella dónde surge la acequia Real del Júcar, uno de los legados más valiosos que nos dejaron los árabes, con su sistema de irrigación. A partir de ahí, la acequia Real del Júcar abre sus brazos y arrulla un raudal de acequias, acequietas y acequias menores que poco a poco llenan de vida el centro de la ribera hasta llegar a la Albufera. Esta agua es esencial para mantenerla viva y poder colmar sus campos de arrozales.
En este viaje, nosotros descansaremos en el azud de Antella y ahí descubriremos en el valle, Antella, Cotes, Carcer, Alcántara, Gavarda y Beneixida con los campos repletos de naranjas que dan paso a Castelló de la Ribera, Alberic, Carcaixent i Alzira. Cruzaremos pueblos de paisaje colmado por naranjos de variedades diferentes, hasta llegar a la Ribera Baja, es decir, Corbera, Favara, Sueca, y finalmente Cullera dónde desemboca el río Júcar; los naranjos se transforman poco a poco en campos de arrozales que se despliegan hasta el mar.
Aquí están los campos cuidados con esmero por nuestros labradores, en distintos pueblos de la Ribera, dónde la cultura del río es parte de nuestra riqueza.
Los que vivimos en estas tierras tenemos aprendida la lección, las riadas desoladoras nos acompañan desde niños.
La naturaleza, con su poder de regeneración, cada año se renueva, y los que formamos parte de ella tenemos que acompañarla de la única manera posible, comenzando de nuevo. Estamos convencidos que así es.
Entre río y paisaje no pueden faltar los especuladores de uno de los bienes más preciado de la humanidad, el agua. Siempre existe una buena excusa para comerciar con ella y, como siempre, se lucran los mismos, los buitres que constantemente meten su nariz ahí dónde pueden sacar provecho.
Las políticas del agua del gobierno de la Generalitat están llevando al Júcar a una situación desesperada, la especulación y la mala utilización de sus aguas demuestran la falta de conciencia y de respeto por nuestra madre tierra.
Necesitamos un río limpio para continuar cultivando buenos alimentos,
Necesitamos un río vivo para poder mantener nuestras tradiciones.
Necesitamos Amar nuestro río Júcar.